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El retrato titulado Mona lisa, conocido popularmente como la Gioconda, se a convertido sin duda alguna como uno de los iconos indiscutibles del arte pictórico de todos los tiempos, una muestra de genio en estado puro que pocas veces se presta a la división de opiniones. La circunstancia de que se haya consumado como una imagen reconocible para prácticamente todos los hombres se debe en parte al sinuoso gesto que refleja la boca de la dama retratada, una media sonrisa sobre la que se han escrito miles de página. Da la impresión de que, por muchas teorías que puedan decirse para justificar esa sonrisa, siempre habrá un pequeño misterio en torno a la gioconda que nos mantendrá a ciegas de conocer la verdad.
El favorito de Da Vinci
Aunque el legado de Leonardo nos ha dejado muchas manifestaciones artísticas de primer orden, incluidos bocetos premonitorios de tecnologías que siglos más tarde se convirtieron en una realidad, el propio pintor manifestó en su época una gran predilección por el retrato de La Gioconda.
Se sabe que Leonardo llevaba consigo este cuadro en sus viajes, y que a menudo pasaba largas horas observándolo en busca de inspiración.
Pintado sobre un trozo de madera de pino en 1505, no se conserva ningún boceto previo del retrato de la Gioconda, hecho ciertamente insólito si se tiene en cuenta que como muchos otros pintores, solía realizar exhaustivos estudios previos a sus diferentes obras.
Otro de los enigmas que pesan sobre el retrato es el de la identidad de la mujer que sirvió de modelo, y son innumerables las teorías a este respecto. Mientras que muchos creen que el retrato no se basa en un único modelo, sino en la suma de varios, otra teoría apunta a que la modelo era hija de un fabricante de lanas.
La muchacha habría sido prometida al hijo menor de Lorenzo el Magnífico, pero al huir del clan de los Médicis ante la invasión francesa, la joven se habría quedado sola y embarazada. En tan adversas condiciones, la Gioconda habría aceptado desposarse con Francisco Giocondo, un hombre de mucha mas edad que ella, a quien debería su sobrenombre. En todo caso esto no es más que una de las muchas teorías sobre la misteriosa identidad de la dama retratada por Leonardo.
¿Dónde se encuentra?
El lienzo de la Gioconda descansa en el Louvre donde el museo parisino destino una sala entera de 200 m2 para la obra cumbre de Leonardo Da Vinci.