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Volviendo al tema que trataba en otro post el consumismo ya no atañe sólo a las mujeres. La fiebre consumista no distingue género y está atacando a ambos sexos por igual. Los hombres dejaron de ir a los mall arrastrados por su novia, su mamá o su esposa, ahora van voluntariamente y se pierden en las vitrinas de “Mundo Mac”, en “La Juguetería del Papá” o en alguna tienda especializada en vídeo juegos. Muchos son los que gastan altas cifras de dinero en comprarse la última versión de Play Station o XBOX, y después no tienen plata ni para la micro.
Ni hablar de los flamantes dueños de un iphone que hicieron largas filas para conseguir uno.
Además la adquisición de estos “jueguetitos” se ha convertido en un símbolo de status en los círculos masculinos. Comprar un plasma o un home theater es subir un escalafón en el grupo y les da cierto aire de superioridad.
Otro tema importante en el club de toby es la renovación del auto, muchos hombres compran un auto y lo renuevan cada dos años o menos, sin que sea necesario. Los hombres antiguos podían tener un auto toda la vida, y esto no los hacía menos valerosos o menos atractivos. Porque aquí también entra a tajar la vanidad, al parecer los hombres sienten que mientras más atractivo sea su auto, más atractivos serán ellos, como si el auto les entregara una pócima de embellecimiento que los ayudará en la conquista del sexo opuesto.
Es una realidad importante el hecho de que los hombres sientan que mientras mejor status económico tengan, mejor les irá en sus conquistas. Esto hace que se vuelquen más aún hacia el mundo del consumo comprando cosas innecesarias que los hacen parecer más exitosos y más atractivos. En esta era del consumo al parecer se “demuestra” el éxito a través de los bienes materiales y no mediante los logros personales o profesionales.
El consumismo una enfermedad peligrosa
Se ha caído en una vorágine del mundo material, y cada día ataca en edades más tempranas. Los jóvenes profesionales caen de cabeza en el consumo y se están dejando atrapar ya antes de terminar sus carreras tienen todo tipo de créditos, y por supuesto todo tipo de deudas, por haber comprado sin parar y sin pensar, sólo por consumir.
Se hacen adultos ante los ojos del sistema muy tempranamente, ya que antes para tener acceso a una cuenta corriente o a una tarjeta de crédito había que tener por lo menos un buen tiempo trabajando y buenas remuneraciones, hoy en día basta con estar en tercero o cuarto de universidad y ya se puede entrar al sistema, sin mediar las consecuencias.
Lo peor es que la fiebre consumista parecer ser contagiosa, y si no se detiene su avance ahora, puede afectar rápidamente a las nuevas generaciones. Sólo basta pensar que mientras algunos niños lloran por hambre o frío, hay otros quienes lloran para que sus padres le compren el juguete de moda o el mejor celular.
El tema gira en torno a que se piensa que al pertenecer al sistema y consumir y tener acceso a todo, se puede llegar a ser mejor, a ser más respetable o a subir de status. Todos quieren pertenecer a la clase alta, pero hay que reconocer que este es un mundo, marcado por las diferencias sociales y no a todos les alcanza para pertenecer a ese pequeño grupo. No vale la pena comprar y comprar para aparentar ser algo que nunca se será de verdad. No hay que dejarse consumir por esta enfermedad. No dejemos que el consumo nos consuma.