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En Venecia, los canales son los verdaderos guías ya que van marcando el recorrido que debemos hacer si no queremos perdernos ni un sólo detalle. Los carismáticos lugares que van presentándose ante nuestros ojos provocan sensaciones que únicamente pueden entender aquellos que hayan paseado por allí: La Basílica de San Marcos, el Puente Di Rialto, El Palacio Ducale o El Campanile se muestran ante el visitante ofreciendo toda su belleza y singularidad. Resulta muy fácil enamorarse perdidamente de esta ciudad, pero también es sencillo encontrar el amor en ella, o disfrutar del que nos acompaña.
El delicioso sabor de lo añejo
Una vez se abre ante nosotros la espectacularidad de la Piazza San Marcos –el primer destino que habíamos elegido– nos quedaremos boquiabiertos al contemplar los hermosos pórticos que albergan edificios y cafés que nos harán sentir protagonistas de una postal. Una mezcla de arte griego, medieval, bizantino, toscazo, lombardo y veneciano de una belleza inconmensurable.
No importa que en el instituto te costara sacar la asignatura de historia del arte, es sencillo, tus ojos no dejarán que te pierdas ninguno de los detalles que ofrece este lugar. El interior de El Campanile cuenta con un trazado en forma de cruz griega con mosaicos de los siglos XII y XIII. Un retablo de oro y piedras preciosas –que ya quisieran los de Tiffany’s– resulta deslumbrante. Muy cerca encontramos el Puente de los Suspiros, que une el Palacio Ducale con la prisión de Venecia.
Belleza inconmensurable
Y como buena ciudad antigua y hermosa que se precie, también cuenta con su leyenda; Los reos suspiraban al pasar por el puente y ver la luz sobre la ciudad antes de su encierro, de ahí su nombre: El Puente de los Suspiros.
Pero Venecia no sólo admite románticos paseos en góndola; sus empedradas calles y plazuelas piden a gritos una parada para reponer fuerzas en cualquiera de los numerosos restaurantes de comida italiana que se agolpan por las calles para que el turista disfrute de su excelente gastronomía.
Amor, romanticismo y una excelente gastronomía
Allí, mientras paladeamos su comida qué mejor que ayudarnos con un delicioso vino italiano burbujeante y fresco, esperando que llegue el postre para saborear los helados más deliciosos del mundo. Y como toda comida que se precie merece una sobremesa para intercambiar impresiones sobre lo visto hasta el momento, recomendamos el Café Florian, todo un placer que debería durar hasta la eternidad.