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El ocio, si se vive en toda su intensidad, es capaz de transportarnos a estados de ser completamente diferentes a como estamos acostumbrados a experimentar la vida en todas sus diferentes facetas. Estamos siempre ocupados en algo, nuestras actividades están orientadas permanentemente en función de determinados fines, cuya consecución se eslabona exactamente y sin interrupción alguna hasta estructurar la existencia personal en su totalidad. Incluso cuando descansamos, cuando procuramos reposo o alguna distracción, estamos llevando a cabo ciertas actividades para el logro de un objetivo preciso. Sin embargo, ¿qué sucedería si acaso partiéramos ya del ocio mismo, no como un medio para alcanzar algún estado de realidad fáctica, sino como la cimentación ya disponible para vislumbrar novedosos atajos de trascendencia?
El tiempo sin tiempo
El pintor alemán expresionista Karl Schmidt-Rottluff nos proporciona en su obra “Verano”, un acercamiento a ese estado de conciencia allende lo simplemente fáctico, en donde se puede percibir una cierta trascendencia del ser, es decir, cuando las cosas adquieren un sentido más profundo y podemos imbuirnos del este, percibiéndolo a fondo y llenándonos el alma con su esencia inexpresable. En esta obra- muy de acuerdo al estilo vigoroso de este artista teutón, participante del célebre movimiento cultural que se conoció como Die Brücke, y al que estuvieron cercanos Munch y Emil Nolde- se puede contemplar bocetadas en trazos enérgicos y colores rotundos, sencillos y vigorosos verdes, rojizos, naranjas y amarillos, a algunas mujeres que parecerían estarse relajando en un ambiente de naturaleza plena. En toda la composición, que guarda cierta similitud con algunos de los trabajos más brillantes de Henri Matisse se respira un aire de sensualidad primordial que fascina e impresiona grandemente.
Las cosas como son
Podemos interpretar esta obra de Karl Schmidt-Rottluff, como una tentativa de alcanzar experiencias de vida que están por completo ajenas a nuestro campo de acciones cotidianas, orientadas hacia el utilitarismo y el pragmatismo más liberado. Acaso lo que se busca con “Verano”, es tener la misma sensación auroral, por medio de un ocio llevado al límite, tanto físico como espiritual, de los primeros seres vivos conscientes de serlo, abiertos a un universo de colores y sensaciones que los fueron colmando hasta devenirlos como seres humanos. Este gran acontecimiento, tal vez el más relevante de la historia del mundo, estaría propiciado por la vivencia extrema del tiempo libre: un universo nuevo, un recordar lo que nunca se ha ido de nosotros, y que siempre nos ha estado llamando en un dialecto que solo lo más recóndito de nuestro ser conoce, y siente.