Un mueble que se restaura puede volver a convertirse en una pieza útil y funcional del mobiliario de la vivienda. La operación de restauración del mueble resulta más sencilla de lo que a simple vista puede parecer. Resultara un trabajo placentero y le ahorrara el gasto de comprar un mueble nuevo.

Examinar el mueble

El primer paso consiste en examinar profundamente el mueble. De esta manera se podrá observar cuáles son los desperfectos que posee y pensar en las posibles soluciones. Los defectos más comunes suelen ser los ocasionados por la carcoma, y los arañazos y las manchas que pueda haber recibido a lo largo de su vida. Si son estos (o algunos parecidos) los desperfectos, será aconsejable actuar de la siguiente manera.

En primer lugar se procederá a lijar concienzudamente la madera. Esto resulta necesario porque de esta manera se podrá eliminar toda la suciedad acumulada en el mueble, que probablemente será mucha por el tiempo que llevará desatendido. El lijar el mueble también servirá para eliminar la capa de barniz que le fue aplicada cuando se confeccionó.

Consejos

Si la madera ha recibido golpes que han dañado las fibras, ésta estará resquebrajada. Sobre una madera tierna se puede optar por aplicar un poco de agua caliente con un pincel.

Sobre una madera dura, el método más indicado consiste en planchar sobre un trapo húmedo para que la madera se humedezca y recupere así su volumen inicial. Este proceso será conveniente dejarlo secar y luego pulir la propia madera. A continuación será recomendable retirar el polvo y la suciedad, aparte de rellenar con una pasta de madera de tinte adecuado. Esta pasta se obtiene a partir del mismo aserrín de la madera que ha sido lijada mezclada con cola de carpintero. Hay que tener en cuenta que dicha pasta suele encogerse cuando se seca.

También puede utilizarse una mezcla de enduido plástico con aserrín. Si es necesario, o si al secarse forma grietas, aplique otra capa cuando ya se haya secado la primera. Finalmente, será aconsejable pulir la superficie cuidadosamente con una lija fina.

También se puede retocar el barniz de un mueble, si éste se descascara. Para ello será conveniente aplicar varias capas de barniz allí donde falte, empleando un pincel fino, para formar una capa final más espesa que el acabado original. Después también será preciso pulir el sobrante con un papel fino y aplicar una última capa.

¿Qué es lo primero que hacemos cuando llegamos a casa después de una jornada de trabajo?

Seguramente nos sacamos los zapatos, nos ponemos ropa cómoda, de entre casa, nos servimos un café, un té o alguna gaseosa según los gustos, y encendemos el ordenador para consultar las novedades en los mails que nuestros contactos nos enviaron.

En esta enumeración de actividades muchos de nosotros nos veremos identificados y reflejados. En el momento que comenzamos a disfrutar de un tiempo libre inmediatamente nos acercamos a la pantalla del ordenador para conectarnos con el mundo y, los amigos de carne hueso o las conversaciones en familia, se reemplazaron por la compañía del “otro” que nos espera, cómodamente sentado frente a otra pantalla, a miles de kilómetros o a algunas calles de nuestra casa, para mantener diálogos on line o simplemente, para que nos envíe mails, generalmente con reenviados.

Este hábito tiene mucho que ver con los avances tecnológicos pero también con las necesidades sociales y de comunicación de los seres humanos en la época actual.

La computadora, una forma de estar acompañado a pesar de estar “sin compañía”

Hace no muchos años, cuando queríamos estar acompañados, compartir una conversación, escuchar a otro ser humano y que nos escuchen, tomar una copa o un café llamábamos por teléfono a un amigo/a, nos citábamos en un bar o café y nos sentábamos horas a pasar el tiempo hablando, escuchando música o filosofando vaya a saber sobre cuántos temas que iban discurriendo a lo largo de la charla.

O, los más socializados, nos cruzábamos a la casa de alguna vecina que sabíamos estaría dispuesta a compartir algún comentario y pasar un ratito en compañía.

Actualmente la computadora ha venido a suplir estas costumbres y a modificarlas por otras. Así que podemos estar acompañados sin necesidad de que persona alguna comparta el lugar donde nos encontramos. La computadora nos “ocupa” tiempo libre y hace que nos sintamos acompañados. Nos relaciona con gente del mundo que no conocemos personalmente pero que pueden compartir nuestros gustos, nuestras preferencias y con las que hasta podemos confiarles secretos que, cara a cara, quizá no nos atreveríamos a mencionar.

En la actualidad curiosamente cuando los medios de comunicación y la tecnología están tan avanzados es cuando a los seres humanos se nos dificulta más abrirnos y expresar lo que sentimos y los males sociales como la soledad, la incomunicación nos aquejan en una relación inversamente proporcional a los medios que nos comunican.

“Uno” con el “otro” en la distancia y por medio de una computadora es una buena manera de acercarnos, de relacionarnos y de pasar tiempo libre cuando estamos solos.

El ocio, si se vive en toda su intensidad, es capaz de transportarnos a estados de ser completamente diferentes a como estamos acostumbrados a experimentar la vida en todas sus diferentes facetas. Estamos siempre ocupados en algo, nuestras actividades están orientadas permanentemente en función de determinados fines, cuya consecución se eslabona exactamente y sin interrupción alguna hasta estructurar la existencia personal en su totalidad. Incluso cuando descansamos, cuando procuramos reposo o alguna distracción, estamos llevando a cabo ciertas actividades para el logro de un objetivo preciso. Sin embargo, ¿qué sucedería si acaso partiéramos ya del ocio mismo, no como un medio para alcanzar algún estado de realidad fáctica, sino como la cimentación ya disponible para vislumbrar novedosos atajos de trascendencia?

El tiempo sin tiempo

El pintor alemán expresionista Karl Schmidt-Rottluff nos proporciona en su obra “Verano”, un acercamiento a ese estado de conciencia allende lo simplemente fáctico, en donde se puede percibir una cierta trascendencia del ser, es decir, cuando las cosas adquieren un sentido más profundo y podemos imbuirnos del este, percibiéndolo a fondo y llenándonos el alma con su esencia inexpresable. En esta obra- muy de acuerdo al estilo vigoroso de este artista teutón, participante del célebre movimiento cultural que se conoció como Die Brücke, y al que estuvieron cercanos Munch y Emil Nolde- se puede contemplar bocetadas en trazos enérgicos y colores rotundos, sencillos y vigorosos verdes, rojizos, naranjas y amarillos, a algunas mujeres que parecerían estarse relajando en un ambiente de naturaleza plena. En toda la composición, que guarda cierta similitud con algunos de los trabajos más brillantes de Henri Matisse se respira un aire de sensualidad primordial que fascina e impresiona grandemente.

Las cosas como son

Podemos interpretar esta obra de Karl Schmidt-Rottluff, como una tentativa de alcanzar experiencias de vida que están por completo ajenas a nuestro campo de acciones cotidianas, orientadas hacia el utilitarismo y el pragmatismo más liberado. Acaso lo que se busca con “Verano”, es tener la misma sensación auroral, por medio de un ocio llevado al límite, tanto físico como espiritual, de los primeros seres vivos conscientes de serlo, abiertos a un universo de colores y sensaciones que los fueron colmando hasta devenirlos como seres humanos. Este gran acontecimiento, tal vez el más relevante de la historia del mundo, estaría propiciado por la vivencia extrema del tiempo libre: un universo nuevo, un recordar lo que nunca se ha ido de nosotros, y que siempre nos ha estado llamando en un dialecto que solo lo más recóndito de nuestro ser conoce, y siente.

La vorágine de la vida moderna, las múltiples obligaciones asumidas por las mujeres, la doble o triple carga de trabajo que ellas deben afrontar cada jornada, hacen que un rato de ocio aparezca como una ilusión o una meta difícil de alcanzar, a la vez que el “tiempo libre” es cada vez más escaso y cotizado.

Y para peor…

Según algunos estudios, no solamente las mujeres tienen menos tiempo libre que los varones, sino que cuando disponen de ese tiempo libre, no lo aprovechan para hacer cosas para ellas sino que siguen con la dinámica utilitaria y de servicio a que las obliga la vida moderna.

Mientras tanto los varones disponen de más tiempo libre y quizás de recursos para emplear ese tiempo en deportes, esparcimiento, relax o descanso.

Para comprender el carácter cultural de esta diferencia de género, me gustaría mencionar un estudio que demostró que las niñas también disponen de menos tiempo libre que los niños, ya que desde la infancia se les asignan obligaciones y tareas domésticas a diferencia de los varones, que generalmente no las deben cumplir.

Ocio… ¿y eso qué es?

En realidad muchas mujeres creen que no pueden disponer de un tiempo de ocio o un tiempo para sí mismas y cuando lo hacen, no pueden evitar el sentirse culpables o responsables de estar abandonando sus obligaciones.

Por eso muchas de nosotras deberíamos hacernos unas sencillas preguntas: ¿qué hacemos los fines de semana o los feriados? ¿Cómo son nuestros días, todos iguales? ¿Hacemos algo además del trabajo y el hogar que nos traiga alguna gratificación? ¿Cómo nos sentimos respecto del tiempo libre?

Estas y otras que seguramente a ustedes se les ocurrirán, nos ayudarán a organizar mejor nuestro tiempo y encontrar y aprovechar nuestros –merecidos- ratos de ocio.

Qué hacer en el tiempo libre

En realidad tanto en Internet como en revistas especializadas y en la televisión, diariamente se nos presenta un larguísimo catálogo de las cosas que podemos hacer en nuestro tiempo libre. Muchas de ellas necesitan del empleo de unos recursos de los que nos siempre disponemos.

Por eso, el tiempo libre es ideal para buscar cosas nuevas, estar al aire libre, con los hijos o la familia sin presiones ni obligaciones, poner en acción la iniciativa y la imaginación para crear momentos vitales que nos harán sentir mejor con nosotras mismas y los demás.

Adriana P. Kreiman

El mundo rebasa al pensamiento. La mayoría de las veces la experiencia humana de la realidad se queda corta ante todo el cúmulo de emociones, sensaciones y percepciones, que transforman el interior humano en un caos que solo puede ser manejado a partir de la renuncia a gran parte de estos contenidos en nombre de la lógica y la racionalidad que nos hagan posible el mundo civilizado y normal que habitamos cotidianamente. Pero la verdad es que en lo profundo solo queda reconocer como los personajes del cineasta norteamericano David Lynch que habitamos un mundo muy extraño, y que vale la pena asumirlo como tal, para proceder a explorarlo como amerita su complejidad. En la medida que podamos conocer más de sus intrincados modos y vías de manifestación podremos reconocer varias de estas capciosidades en nuestra propia esencia. Ecos que chocan con una superficie que nunca perciben.

La lección del rayonismo

Vale la pena evocar aquí la figura de la pintora rusa Natalia Gontcharova, quien fue la creadora del estilo rayonista, una variante del futurismo, y que por su inspirada manifestación nos atañe mucho, con respecto a la circunstancia existencial descrita anteriormente, y nuestro tema del ocio. El rayonismo de Gontcharova se caracteriza por una tendencia a la fragmentación de los objetos en la forma de innumerables rayos por medio de la incidencia de la luz, casi siempre de una fuente artificial, que nos obsequia un fenómeno de refracción y luminosidad que ha de estudiarse a fondo para percibir todas las dimensionalidades que ofrece. Así, de la misma manera la realidad se nos presenta como un ámbito de luz y transparencia, un lugar ideal para hacer, pero lo cierto es que la luz no es solo eso, y desde cierto prisma de pensamiento nos arroja un ámbito complicado de incertidumbres, ilogicidades, y misterios: es como la música de Johann Sebastian Bach, que en su grave afán de alcanzar el Cielo, nos abre de paso barrocos laberintos hacia perdiciones sublimes.

El secreto del bosque

En su bello paisaje rayonista de mil novecientos trece, titulado “El bosque”, Gontcharova, nos adentra en un mundo en donde lo más grande y lo más ínfimo de la naturaleza se funden en un ámbito de saturación mística de ser. En un breve espacio de este lugar se puede adivinar una silueta femenina, blanca de luz: acaso no fuese sino la misma autora, tratando de expresarnos que si se miran las cosas con la paciencia, el ocio, y la sensibilidad suficientes se pueden traspasar umbrales a regiones en donde la luz no solo haga visibles las cosas sino que también las rasgue, como cristales de espejo a la piel, para dejar libre nuestro reflejo, puro, hecho iridiscencia, en la otredad.

Parte de las problemáticas tan acentuadas y graves que estamos viviendo en nuestra actualidad socioeconómica, podría constituirse el hecho de considerar a este mismo ámbito, el de los valores monetarios, como el eje por el cual han de regirse todas las demás actividades humanas, cuando la verdad es que la economía no es más que una metafísica amnésica o llena de hipocresía. El valor de las cosas no puede ser cuantificado solamente y ni siquiera circunscrito a determinado esquema de cálculo burdo y utilitarista: el mundo es mucho más que eso. Es preciso entonces crear nuevos espacios de libertad que nos faciliten el apreciar los problemas y los desafíos de la civilización desde perspectivas frescas, pertinentes y novedosas, que sin renunciar a la eficacia, un atenten contra la vitalidad del alma, su recreación y bienestar.

Pensar la realidad como otra

Frantisek Kupka fue un artista checo que desarrolló una obra admirable de composiciones gráficas y pictóricas que anticiparon el abstraccionismo. La postura ante la realidad expuesta en el talante creativo de Kupka nos puede ofrecer una vía para lograr lo que antes ponderábamos, concebir alternativas de libertad filosófica que nos permitan encontrar soluciones novedosas e inspiradas para los problemas del mundo. O por lo menos nuevas maneras de plantearlos. Kupka pensaba que las facultades creadoras del artista solo se tornan patentes si este último logra convertir los fenómenos de la naturaleza en una realidad diferente. Se puede ganar la atención o el sentimiento de los observadores sin motivar ninguna perturbación a las características propias, como por ejemplo el color, de los entornos naturales.

La dinámica de lo inmóvil

En ciertas composiciones de Kupka es factible compartir de su intención por alcanzar otras maneras de percibir el ser, sin la necesidad de atentar contra el ser mismo. Dimensiones de movimientos en color capturados en el instante de su propio génesis se presentan ante nuestra vista como una increíble dinámica de la inmovilidad, en ciertos trabajos de Kupka. Y derivado de esto se puede concebir al ocio, como un parangón de este reposo perfecto, que sin necesidad de otro recurso que su propia presencia, de tan pura y perfecta genera todo el entramado de actividades del mundo. El ocio de una persona puede ser en potencia mundos enteros de diversidad ilimitada y activa. La realidad es plural, y de acuerdo a la postura de Kupka, es factible de ser pensada de esta misma manera: siempre abierta, en movimiento infinito, aun siendo la misma en toda ocasión.

Mucha de la riqueza de lo real, lo que de verdad es digno de ser calificado como tal, se pierde por la manera tan parcial en que estamos habituados a percibir. La utilidad guía todo nuestro entendimiento, pulimos la razón hasta ser una lógica extenuante, excesiva y mal disimulada. Es necesario dar un paso hacia atrás y redefinir el modo en el que queremos experimentar nuestra vida: si como una mera vía para llegar a un objetivo fantasmal y fatuo, o por el contrario, como un fin en sí misma, una meta maravillosa y plena. El ocio es capital si se opta por la segunda alternativa de existencia. Quien piensa y valora bien su ocio es capaz de recuperar aspectos de la realidad que se venían desaprovechando, como la fragancia de una flor matinal que nadie aspira.

Los heraldos de la felicidad

El pintor expresionista alemán Emil Nolde, consideraba que la clave de su arte singular estribaba una ponderación de los colores, y como veremos posteriormente, esta misma sensibilidad podría abrirnos una nueva perspectiva de mundo. Para Nolde los colores son los materiales privilegiados del pintor, ya que en su esencia inquieta, que puede manifestarse como una mezcla de tristeza y de alegría, de onirismo y de dicha, de tibieza y sacralidad. A juicio de este connotado artista, los colores muestran vibraciones cual campanas sonoras, sus ecos son argentinos y metálicos. “Son heraldos de la felicidad, la pasión y el amor, la sangre y la muerte” esto según palabras del propio Nolde.

Mirar con detenimiento es mirar con el alma

El ocio nos puede hermanar la sensibilidad con el ambiente que nos rodea, como le sucedió a Nolde. Teniendo la confianza del ser, es fácil que nos brinde la ocasión de conocer sus particularidades, sus secretos más valiosos. Lo significativo de una sensibilidad de esta índole es que nos permite comprobar que las cosas se expresan de muchas maneras, y varias de ellas son más vitales y frescas para ser percibidas por el espíritu. Para descubrir todo este tesoro que se nos oculta en la cotidianidad es preciso mirar con detenimiento para ver las cosas con los ojos del alma. Y así los colores, como Nolde bien nos participó nos mostraran su asombroso alfabeto de combinaciones y de juegos, de relaciones y de matices: nos permitirán participar de otro mundo, uno vasto y caleidoscópico, que se refiere, sin embargo totalmente a este fáctico y común que habitamos. Los colores son los portavoces del júbilo del mundo, un clamor silencioso de arcoíris que hace temblar de emoción las raíces del mundo.

El ocio nos abre el camino para una compenetración más intensa con la naturaleza: los ecosistemas están siendo dañados irremisiblemente por personas que están imbuidas de un pragmatismo feroz y sin escrúpulos, que tratan de agotar los recursos naturales a cambio de beneficios personales económicos. Esto es una consecuencia del ritmo de vida frenético de las sociedades contemporáneas, que no es sino la derivación de un vacío ideológico que poco a poco va autoconsumiendo a la humanidad sin remedio alguno. No queda mucho tiempo para rescatar la integridad de nuestro mundo, el único fáctico que tenemos, nuestro único hogar. Es preciso calmar las ansias trasformadoras y progresistas- cierta miopía metafísica- para tomar conciencia de todo lo que estamos poniendo en juego, todo lo que estamos arriesgando por quimeras desquebrajadas. El ocio es vital en este llamado a la cordura y la paz del alma.

Un arroyo en el bosque

El pintor norteamericano Asher B. Durand nos presenta en su obra Un arroyo en el bosque, firmada en mil ochocientos sesenta y cinco un paisaje característico de su autoría, que desde cierta lectura que aquí les propondremos nos brindará una clave propiciatoria de ese ocio tranquilizador que nos acerque a la naturaleza y nos impida seguirla sacrificando inmerecidamente. Este cuadro al oleo es particular de su producción artística, en donde frecuentemente se repite el mismo motivo: un grupo breve de árboles en primera instancia, a continuación un área intermedia desocupada, y luego el luminoso horizonte arbolado que baña de oro todo el espacio de un valle. Una de las particularidades más valiosas de este tipo de elaboraciones pictóricas de Durand es la ausencia de toda persona en los paisajes representados, siendo la naturaleza libre y silvestre la protagonista de esta silenciosa epopeya de ser auroral y prístino. Es como si el artista quisiera situarnos en los primeros instantes del mundo, cuando estando completamente vacío de humanidad, era la pura expresión de la divinidad en un monólogo de hermosura indecible.

Tomarse el tiempo justo para ser justos

La naturaleza nunca debió haber perdido el derecho a seguir así, impoluta, ideal, hermosa y quieta. Fue consecuencia de la mano del hombre haberla arrojado con nosotros a la existencia, a sus tiempos y requerimientos excesivos. Pero en este mismo atar nos estemas extenuando: al fenecer los ecosistemas indirectamente estamos atentando en contra de nuestra propia oportunidad de vida. Vale la pena actuar con ocio extremo, tomarse el tiempo justo para ser justos y detener esta destrucción indebida; la esencia de un arroyo en el bosque de Durand es esa: hallar un remanso donde saciar la sed y contemplar la maravilla de vida inocente y noble que nos rodea en la naturaleza. Los paisajes de Durand nos miran en silencio como preguntándose porque correspondemos con muerte a su hermoso y cordial estar.

El ocio y la vida aluden a cierto fondo común en el que se entrelazan los sueños, las fantasías y los deseos más hondos. Contemplemos su alcance cabal a través de la reflexión de los siguientes aforismos de importantes intelectuales. Esta tentativa hermenéutica quiere ser la vía hacia un pensamiento dúctil e inclusivo: provechoso para alcanzar dicha y satisfacción personal.

Carecer de libros propios es el colmo de la miseria. Benjamin Franklin

Porque esto implicaría que, aunado a no tener ventanas de alteridad para contemplar el mundo, no habría el ocio, es decir el tiempo preciso para hacerlo. La lectura es una estrategia que nos gana todos los mundos posibles y el derecho único de poder pensarlos así.

Cásate: si por casualidad das con una buena mujer, serás feliz; si no; te volverás filósofo, lo que siempre es útil para el hombre. Socrates

Para ambas alternativas es menester mucha paciencia sabia, que solo el ocio y una actitud positiva ante lo inevitable pueden brindar.

Casi todas las personas viven la vida en una silenciosa desesperación. Henry David Thoreau

El ocio es una vía catártica que nos permite aliviar la angustia de no poder expresar las cosas como queremos. Los sucesos más relevantes para nuestro vivir se nos escapan de control porque la realidad es una simple (y compleja) red de apariencias, lo que determina las cosas no está en ellas, solo puede ser aludido. Nunca podremos llegar a ello. Por lo tanto solo nos resta armarnos del silencio necesario para emular al corazón del ser, y transformar el dolor y la incertidumbre en esperanza. Literalmente, no puede decirse más que eso.

Cierra los ojos y verás. Joseph Joubert

Puesto que la oscuridad permite ver- nada- lo que la luz solo indicaba de un modo oblicuo-todo. Es decir que, desde cierta perspectiva-en un mundo de perspectivas- nunca hemos dejado de estar en un lugar oscuro, aguardando con ocio, soñando una realidad que nunca dejará de ser solo eso.

Ciertos hombres tienen el talento de ver mucho en todo. Pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay. Jaime Balmes

Ni es todo lo que esta, ni esta todo lo que lo que es. Y esa desgracia fue considerada como el más preciado don a lo largo de la antigüedad, es decir, la adivinación: que fue incluso causa directa- junto con el buen ocio- de la aparición de la filosofía, la cuna de la civilización occidental.

Finalicemos esta etapa de nuestra investigación sobre la sabiduría del ocio, relacionando su esencia con las consideraciones de grandes personalidades de la cultura mundial

Cada arbitrariedad se ampara, la mayoría de las veces, en una disposición escrita. Luis Alberto Sánchez

Las leyes deben siempre estudiarse con perspicacia, ocio sabio y un sano escepticismo. No son inmutables, no hay modo en que puedan estar por encima del respeto a la vida y la primacía de erradicar el dolor de las personas. Luego de establecer estas prioridades, entonces sí, pueden y deben hacer cumplir su rigor y consecuencias para el mantenimiento de un estado de derecho cualquiera.

Cada cual tiene la edad de sus emociones. Anatole France

Seamos siempre niños, con todo el tiempo libre para maravillarnos ante el mundo hasta el grado de sentir el milagro de todo lo que nos rodea.

Cada hombre lleva un fantasma de mujer no en la imaginación que entonces sería fácil de expulsarle; sino circulando en su sangre, y cada mujer un fantasma más o menos concreto de hombre. G. Marañon

Y en los instantes más caros de nuestra intimidad, cuando el ocio se hace confidente y amigo, se puede percibir como el anhelo de la amada nos va modelando el alma, con la pericia de un dilecto artesano y el tacto de una deidad. La realidad no es más que el resabio de los deseos que se nos escapan.

Cada hombre que haya amado verdaderamente podrá pensar que no ha vivido en vano. Andrés Holguín

Porque verdad y vida se concilian en el amor, y el ocio compartido con el corazón reconcilia a todos cuando es menester.

Cada nueva esperanza que sentimos nos hace ver de manera distinta el pasado. Luis Rosales

Cuando tomamos conocimiento de algo no hacemos más que recuperar la impresión que nos dejó una inmediatez de vida, un instante de contacto inefable con el misterio del ser. Al mismo tiempo que tratamos de expresarlo se pierde en gran medida y solo nos llega diluido y mediado por la necesidad y la causalidad (que no son más que hábitos del entendimiento) La esperanza no proviene del entendimiento sino de la emotividad, es un afán por recuperar ese momento inexpresable de otra manera, en la ilusión de volverlo a experimentar. Pensar el ocio es una recuperación de esperanzas olvidadas.

Cada quien sabe lo que trae en su morral. Juvenal

Y cada quien lo que carga en su (no) moral. Toda eticidad ha de fundamentarse en la libertad de elección de la propia persona, en su bienestar particular, manifestada en su ocio por ejemplo, y no en ninguna moral. Una vez asumida esa libertad de ser propiciada por el amor propio, entonces ya llegará la decisión acerca de si guiarla por una selección de valores morales guiados hacia la solidaridad y el bien común, que por lo demás, si que vale mucho.